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En esta página puede leer todos los artículos publicados hasta la fecha en el DIARIO DE MORON

24 de septiembre de 2017

SOBRE LOS TONTOS

       


        Siempre se ha dicho que cuando un tonto coge un camino o se acaba el camino o se acaba el tonto. En este país tenemos que soportar  a dos tontos y dos caminos. Lo peor es que todo hace presagiar que tenemos tontos para rato y que los caminos parecen interminables.  Por si esto fuera poco, a cada tonto le corresponde un nutrido número de personas que lo sigue, no sé si lo hacen por desconocimiento, porque también son tontos, o por la mezcla de ambas circunstancias. 

Cuando se adoctrina al personal se obtienen estos resultados. Los dirigentes conocen esta poderosa arma y no escatiman esfuerzos a la hora de utilizar la educación para conseguir sus objetivos; ya se están viendo las consecuencias: de un lado obtenemos nacionalistas catalanes que odian todo lo que huele a España y del otro nacionalistas españoles que odian todo lo que huele a Cataluña. Antes, para controlar a las masas, se quemaban los libros en las plazas públicas, hoy ya no es necesario, basta con ningunear la cultura, poner un abusivo IVA a los libros y retirar las humanidades de los planes de estudio para obtener una magnífica sociedad aborregada, sin capacidad de decidir y sin el menor raciocinio.

Estos días nos están ofreciendo abundantes casos de esta ausencia de razón. Los nacionalistas de ambos lados (sería más exacto decir de ambos tontos) se regodean en el insulto y la amenaza contra toda persona que les lleve la contraria. Por ejemplo, Juan Marsé está recibiendo la ira de “los sinrazón”. Lo acusan de antipatriota y pintan sus libros con palabras como renegado o “botifler” deberían lavarse la boca antes de nombrar a tan magnífico escritor.

He de reconocer que todo este asunto del referéndum también nos está proporcionando momentos históricos. Espero que las generaciones futuras sepan aprovechar y divertirse con ellos. Así, por ejemplo, no siempre se puede ver de forma tan clara que la imbecilidad tiene más que ver con la falta de conocimiento que con la ideología.


Sit tibi terra levis.

19 de septiembre de 2017

INDEPENDENCIA

Abrí la puerta y exclame: ¡Por fin en casa! Después de pasar unos días de vacaciones ya echaba de menos la tranquilidad del hogar. Me disponía a deshacer las maletas, a mirar con tristeza el frigorífico casi vacío y a poner en movimiento la lavadora, cuando de fondo oí a los vecinos del quinto discutir. Al principio lo hacían con un tono bajo de voz por lo que no podía saber lo que hablaban. Pero a los pocos minutos comenzaron los gritos, los reproches y las amenazas: “la niña se quería independizar”.

La niña, en plena adolescencia, decía una y otra vez que tenía derecho a decidir sobre su futuro, mientras los padres le replicaban continuamente que sabían qué era lo mejor para ella, que sus amigas le habían metido muchos pájaros en la cabeza. Estuvieron largo rato echándose en cara cosas del día a día: que si la paga semanal era muy pequeña, que si quería más dinero debía estudiar más, que si ella era tan distinta a sus hermanos que  hablaba diferente, y un sin fin de cosas más.

El enfrentamiento cada vez era más insostenible. La chica dijo que a principios del mes siguiente comunicaría su decisión final. Los padres, muy enfadados, respondieron que con esa actitud acabarían por castigarla sin utilizar el móvil en casa. La joven dijo que no podían impedirle utilizarlo en su cuarto y recibió un “eso ya lo veremos” por parte de la madre. Mientras, el resto de hermanos guardaban silencio, incluso uno que no mucho tiempo atrás también planteó la idea de independizarse y golpeó a sus hermanos para conseguirlo. 

Faltó tiempo para que el resto de vecinos se enteraran del problema y formaran corrillos en el rellano. Los hubo que dijeron que en ningún caso la comunidad permitiría que la niña abriera una puerta al pasillo comunitario, otro preguntó que si se independizaba a ver dónde colocaría el contador de la luz y el agua, también hubo quien planteó que la niña no podría participar en el campeonato de dardos del barrio que tantas veces había ganado. También había quien la comprendía, decían que el padre no era trigo limpio, que incluso había visitado el juzgado en alguna ocasión por sus oscuros negocios. Una vecina afirmaba que en aquella casa había una mordaza que utilizaba cuando algún hijo protestaba o pensaba distinto al padre. Por supuesto, muchos del vecindario pensaban con preocupación que en todo aquel disparate eran tan culpables los padres como la niña.

Reconozco que la situación despierta mi interés por saber qué pasará cuando llegue el próximo mes. La niña no ha explicado cómo pagará la ADSL o si instalará una cocina en su cuarto. Sólo se ha dedicado a llevar a su casa a las amigas para formarle bronca a los padres. Por su parte, los padres están controlando más las salidas de la muchacha y me he enterado  de que le acaban de cortar el móvil porque saben que eso le fastidia mucho. Pero lo único que realmente me importa es que llegado el desenlace, no griten mucho, para que no me molesten a mí, y sobre todo a mis hijos.


Sit tibi terra levis.

25 de julio de 2017

PEQUEÑAS COSAS

He dicho en más de una ocasión que llegados al final nadie suele acordarse de sus caudales, ni de sus posesiones, ni de sus equipos de fútbol. Lo material desaparece de la escasa vida restante, algo lógico sabiendo que nada de esto puede acompañarnos en el momento más trascendental del ser humano. Son otras circunstancias las que adquieren verdadera importancia: desde volver a ver a un amor imposible, hasta abrazar al hijo del que se ha renegado durante largos años. Y después están todo un rosario de pequeñas cosas que quizá no nos paramos a disfrutarlas como debiéramos a lo largo de la vida: un amanecer, una sonrisa o un leve roce de manos. Para los profesionales que tenemos la suerte de estar presente acompañando en este final, son estas pequeñas cosas las que sobrecogen, las que quedan marcadas, las que emocionan y las que quedan en el recuerdo.
Podía ser Auschwitz, pero no lo era. Lo primero que se le vendría a la cabeza a cualquiera que entrara en la habitación era que se encontraba ante una imagen de la Segunda Guerra Mundial. No por el aspecto que tenían las cuatro paredes, más bien por quién ocupaba la habitación. Por mucho que la escena sea la misma, aunque con actores distintos, es imposible acostumbrarse. En las facultades explican la anatomía con detalle, pero la realidad nos enseña cómo la vida es capaz de saltarse los límites de la ciencia: en el camino de la enfermedad han ido desapareciendo las capas intermedias para dejar la piel asentada directamente sobre los huesos. Los ojos hundidos y los pómulos marcados hasta querer romper la piel, hacían que pareciera Auschwitz, pero no lo era.
La enfermedad se había centrado en arrebatarle todo lo que no fuera piel y huesos, pero había decidido mantenerle la lucidez. Siempre estaba solo, no tenía visitas y exhibía su malhumor de forma habitual. En este mundo de etiquetas, seguro que más de uno pensó que su soledad era directamente proporcional a su mal genio y los menos, que era al revés,  su malhumor era debido a estar solo. En no pocas ocasiones, hablar con él suponía realizar un ejercicio extenuante de paciencia, pero a veces te regalaba cinco minutos de intensa, culta, y lúcida conversación. 
Un cigarro, es lo que echo de menos para pensar en algunas cosas —comentó. Tras colocarlo en una silla de ruedas, recorrimos diversas estancias hospitalarias para encontrar el lugar adecuado. Por fin, en un recóndito pasillo, junto a una ventana que deja ver una panorámica de la ciudad, encendió el pitillo, dio una profunda calada, echó la cabeza hacia atras, cerró los ojos y dijo “bocatto di cardinale”. De vuelta a la habitación me preguntó si al día siguiente podría repetir. 
No hubo tiempo para más cigarrillos junto a la ventana, pero me ofreció aquel  momento, y ahora, cuando veo a alguien dando una buena calada a un cigarro, no puedo evitar murmurar "bocatto di cardinale", y esbozo una sonrisa. Pequeñas cosas que regalan los moribundos a los que estamos alrededor de ellos.

Sit tibi terra levis.

16 de julio de 2017

PERDIENDO EL NORTE


¿Pero qué puñetas le pasa a este mundo? O mejor dicho ¿Qué diablos le pasa al personal que lo habita? Hemos perdido el norte: la moral ha desaparecido de nuestras vidas, las conciencias están vacías de contenido y la empatía brilla por su ausencia. Parece que la única norma que se admite en esta sociedad es que primero estoy yo y después yo también. Sí, ya sé que también habrá justos en Sodoma, pero si los hay, serán pocos y están escondidos.

Las salas de espera de los servicios de urgencias proporcionan en pocos minutos  todo un ensayo sobre la condición humana. Cada vez es más habitual observar a tipos portándose como energúmenos porque han atendido antes a un infartado que a su dolor de garganta, jóvenes incapaces de ceder el asiento a ancianos que apenas pueden tenerse en pie, y todo un rosario de actitudes y aptitudes que invitan a tener pocas esperanzas y animan a mandar todo al real carajo.

Un joven acróbata murió hace poco al caer desde gran altura mientras participaba en un espectáculo. Los asistentes a este festival vieron en directo y por las grandes pantallas que había en el escenario, cómo el artista se precipitaba al vacío. Lo normal en una sociedad que mereciera la pena hubiera sido suspender el concierto. Pero no, como dice la canción de Queen: el espectáculo debe continuar. La organización justificó que todo siguiera como si nada hubiera pasado basándose en no sé cuáles motivos de seguridad. No creo que nadie se hubiera molestado si hubieran subido al escenario y hubieran dicho que todos habían sido testigos de la tragedia y que por favor abandonaran ordenadamente el recinto. En caso de que algunos hubieran formado bronca, pues nada, se les deja que se maten entre ellos, pues no merecerían mejor destino.

En estos días ha muerto un hombre mientras trabajaba, en unas condiciones deplorables por las altas temperaturas, en el asfaltado de carreteras. Pasadas unas horas, allí estaban sus compañeros, obligados de nuevo a estar en el tajo en las mismas condiciones, como si nada hubiera pasado ¿Tan difícil resulta mostrar un poco de humanidad?  Y si vuelve a suceder ¿qué hace la empresa? ¿Tira de algún extenso listado aprovechando que siempre hay bocas que alimentar?  Por cierto, en el momento de escribir estas lineas, la empresa no ha emitido ningún comunicado lamentando la pérdida de la vida de este hombre. 

Así que visto lo visto y lo que nos quedará por ver, lo malo no es que hayamos perdido el norte, lo peor es que no lo recuperaremos. Quizá sea culpa de los dioses que hayan decidido poner punto y final ,tirando la brújula al mar.
 

Sit tibi terra levis.

9 de julio de 2017

UNA BUENA HOSTIA


Una de las cosas que nos explicaban en el colegio es que Dios está en todas partes. El padre Serafín, ataviado con la pertinente sotana negra, se esmeraba en enseñarnos la omnipresencia del Altísimo, cosa que no resultaba fácil. Para los imberbes de la época era complicado comprender que se pueda estar en todos los sitios al mismo tiempo. Eso sin dejar de lado los problemas de conciencia que acarreaba semejante atributo divino. No era raro, que llevados por la inquietud, algún infante preguntara al paciente sacerdote ¿Y también está en los cuartos de baño? ¿Y en el vestuario? ¿Y en la cabaña que le enseñé a mi prima Mari Puri?

Para las fieles y obedientes ovejas que formamos el rebaño del catolicismo, uno de los actos más importantes es la eucaristía, es decir, recibimos el cuerpo de Cristo en forma de pan, que para eso está en todos lados y, si se me permite la expresión, aquí más que en ninguno. Pero lo que para unos puede ser una fiesta para otros puede ser motivo de condena. Les explico: el Vaticano recuerda que las hostias sin nada de gluten son materia inválida para la Eucaristía. 

Este aviso es más importante de lo que en un principio pueda parecernos, habrá quién no valore en su justa medida las repercusiones que pueda tener en no pocas personas. De entrada podemos afirmar que malaventurados los celíacos porque ellos no podrán comulgar y  acumularán muchas papeletas para pasar la eternidad en las calderas del infierno.  Aunque siempre puede la celíaca oveja descarriada arriesgarse a que la ingesta del gluten, que por muy divino que sea, le acarree algún episodio de  diarreas, vómitos u otro de los múltiples síntomas de la enfermedad – la salvación bien merece algún sacrificio-. Por otro lado, siempre queda el riesgo de que aumente la desafección del pecador celíaco por salvar su alma y esta situación se traduzca en que cada año disminuyan las cruces en la casilla de la Iglesia a la hora de hacer la declaración de la renta. No es que quiera dar a entender que los designios de nuestra Madre Iglesia puedan marcarse por la avaricia del dinero y la riqueza -líbreme Dios de semejantes malos pensamientos-, pero ya sabemos la fragilidad de la naturaleza humana para sucumbir ante los impulsos vengativos y no sería raro que algunos argumentaran que si la Iglesia no cuidan sus almas, ellos no aflojan la viruta.

Desconozco la postura que tomarán los celíacos, pero el Vaticano lo ha dejado claro: una buena hostia debe llevar todo sus avíos y quien quiera recibirla debe hacerlo con todas las consecuencias porque Dios está en todos lo lugares, y claro, también está en el gluten.


Sit tibi terra levis.

5 de julio de 2017

VACAS Y DIOSES

        La imagen puede parecernos sacada del carnaval de cualquier rincón del mundo, pero ni mucho menos se trata de una máscara utilizada para la diversión y la chanza. El asunto tiene que ver con la iniciativa de un fotógrafo en la India para concienciar a la sociedad de los prácticamente inexistentes derechos de la mujer. Para el que no lo sepa, en el país asiático, las vacas gozan de una mayor protección que las mujeres.

Suele ocurrir que, en la mayoría de las ocasiones, la combinación de la religión y los derechos de los individuos no proporciona una buena mezcla. Podemos pensar que estas cosas pasan en lugares con gran subdesarrollo, en sitios muy alejados de nuestra civilización y nuestra forma de vivir, pero no veamos sólo la paja en ojo ajeno. No es raro que en nuestro propio país, cada cierto tiempo, un obispo utilice su púlpito para descargar su ira contra el colectivo homosexual o invitar a la mujer a tener una vida dedicada a la familia y de sumisión al hombre.  

Está muy bien dedicar todo tipo de esfuerzos en salvar las almas de tanto pecador que abunda en la tierra para arrebatarlas de las tenebrosas manos del diablo, pero digo yo, mientras nos ganamos el paraíso tampoco se trata de pasarlas canutas en la vida terrestre (que no es criticar, es referir). Por mucho que los dioses lo establezcan, algún error han cometido en la transmisión de los sagrados mensajes,  pues no concibo que exista divinidad alguna que nos diga que debemos redoblar esfuerzos en proteger a los bóvidos, mientras permanecemos impasibles ante la violación de una mujer.

Ante este panorama, imagino que la solución pasaría por que hubiera alguna manifestación divina que no diera lugar a las dudas (con luz y taquígrafos que hay mucho escéptico) y nos explicara de una vez por todas a los mortales de qué va todo esto. Estaría bien saber si este valle de lágrimas —sobre todo para algunos— es el paso previo al paraíso o si el chiringuito está para cerrarlo y estamos condenados a las caderas del infierno.


Sit tibi terra levis.

2 de julio de 2017

LA JUSTICIA EXPLICADA A LOS HIJOS


En una columna anterior les explicaba a mis hijos cómo funcionaba nuestra ejemplar democracia. Pero los traviesos imberbes suelen tener el espíritu inquieto, y lejos de quedar tranquilos con las pertinentes explicaciones dadas, les surgen nuevas dudas y cuestiones. En esta ocasión, el interrogante tuvo que ver con asuntos relacionados con la Justicia. Normal, cada vez que encienden el televisor, ahí que aparecen los jugados, y claro está, los tiernos infantes acaban con una mescolanza de salas de lo penal, tribunales y audiencias, que no hay quien se aclare.

Los pequeños se plantearon si la Justicia era igual para todos. Para nada soy un entendido en Derecho —líbreme el Altísimo— y tampoco creo que hubiera sido muy pedagógico buscar un detallado organigrama de cómo se organiza el Poder Judicial en nuestro imperio. Así que abordé el asunto por la parte romántica: la justicia es ciega. Tan ciega que cuando ve a determinado personal saltándose las leyes, no tiene reparos en mirar para otro lado.

Les expliqué que la Justicia es una de las patas sobre las que se asienta nuestra admirada Cleptocracia. Así, los distintos organismos judiciales están controlados o elegidos por nuestra honorable y admiradísima clase política: desde la Audiencia Nacional al Consejo General del Poder Judicial , pasando por nuestro Tribunal Constitucional. A través del Congreso y el Senado, sus señorías intervienen de una forma u otra a la hora de colocar a quienes ellos creen conveniente en los cargos que se ocupan de la difícil tarea de administrar justicia. Para que este control sea completo, en los juzgados de cada rincón de nuestra querida España, los empleados públicos tienen que lidiar a diario en sus trabajos con la escasez de recursos materiales y humanos,lo que hace imposible que ejerzan su noble tarea. Los pequeños quedaron boquiabiertos viendo la perfección de la maquinaria que hace funcionar al Imperio.

Un ejemplo claro lo vemos en estas fechas. Día sí y día también, aparece algún miembro del gobierno advirtiendo a los independentistas catalanes  de que lo que diga el Tribunal Constitucional va a misa, así que si se dedican a hacer un referéndum tendrán que soportar el peso de la ley. Muy bien, como debe ser. Sin embargo, cuando las resoluciones de dicho tribunal no le convienen al gobierno, entonces la película cambia. Así, si te dice que la amnistía fiscal de Montoro no es constitucional, pues pelillos a la mar. Tampoco se trata de tomarse las cosas tan a pecho, basta con decir que en adelante ya no vale hacer eso.

Los zagales, ávidos de adquirir los conocimientos que les hagan conocer mejor nuestro territorio, preguntaron si todas las justicias funcionaban igual, a lo que indiqué que la justicia deportiva daba para otra columna y en cuanto a la divina, que esa daba para varias más.


Sit tibi terra levis.