Imagínese que en nuestra querida España actual, un ciudadano de los que paga al fisco, que trabaja por un sueldo que no le llega a fin de mes, que no tiene cuentas en Suiza y tampoco tiene pajolera idea de cómo se puede tener una, necesite un transplante de riñón para seguir viviendo y se le niegue por razones geográficas. Sería como si le dijeran: "mala suerte amigo, pero vive usted en una aldea, así que no podemos transplantarle". Con seguridad nos echaríamos las manos a la cabeza y aparecerían titulares en toda la prensa. Sin embargo, casi nadie muestra asombro cuando se afirma que la gente muere mal, sobre todo porque los cuidados al final de la vida no llegan a todos los rincones de nuestro reino.
Esta dejadez con nuestra muerte, aparte de saltarse a la torera unos de los pilares de nuestra sanidad como es la equidad, tiene la curiosidad de que el personal mira para otro lado con todo lo relacionado con la señora de la guadaña. Algo ilógico si aplicamos las matemáticas: tanto a usted como a este que suscribe le corresponde una mínima probabilidad de necesitar un trasplante de riñón, pero tenemos un ciento por ciento de posibilidades de que nos llegue la muerte. Sería más racional preocuparnos por tener mejores medios y cuidados para un proceso que nos afectará casi con toda seguridad (sólo quedan excluidos los afectados por accidentes de trafico, suicidios, fulminados por rayos, etcétera).
Hace unos días, en el Congreso de los Diputados, han rechazado una propuesta para despenalizar la eutanasia. Con independencia de las razones para estar a favor o en contra de la medida, he oído a varias de sus señorías argumentar que "era un tema para debatir sosegadamente" ¿Sosegadamente? Creerán nuestros dirigentes que en la calle están las criaturas manifestándose a diario y con coctelería de Molotov de por medio para exigir o rechazar el delicado asunto. Nuestros dirigentes han mostrado el nivelazo que gastan cuando justificaban los motivos para votar sí o no a la despenalización. Reconozco que no he querido ver al completo las intervenciones -por aquello de que un poco resultaba gracioso y un mucho daba náusea-, pero a nadie se le ocurrió plantear los motivos por los cuales una persona puede querer que se le aplique la eutansia. Deberían saber estos representantes que la respuesta a esta pregunta facilitaría muchísimo posicionarse sobre el tema.
Lo siguiente que nos viene y que promete grandes momentos, es la aprobación de una ley de Muerte Digna a nivel nacional. Seguro que la anunciarán a bombo y platillo para que después quede sin cumplirse porque no destinarán los recursos necesarios para ello. Si no me creen, vean nuestra querida Andalucía o cualquier otra Comunidad que haya aprobado esta ley, se percatarán que no estoy muy equivocado, que se hacen leyes para no cumplirlas. Es entonces cuando deberían preguntarse sus señorías ¿Pueden sosegarse los moribundos?
Sit tibi terra levis.
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