A estas alturas nadie duda que la desafección de la ciudadanía por los partidos políticos tradicionales y los individuos que los componen vaya creciendo hasta el infinito. Tras una semana en la que ha brillado de forma especial el estercolero, mucho me temo que el daño comienza a ser irreparable. Toda esta farsa parece no llegar a su fin, el tremendo olor a podrido que desprende este país se hace irrespirable. Esta es la verdadera marca España: la corrupción, los golfos y mucho hijo de la grandísima puta. Ya cansa tanto falso patriota de bandera que a la más mínima saquea las arcas públicas sin importarle -y a veces, riendo- los niños hambrientos, los ancianos abandonados o los dependientes despreciados.
Pero no nos equivoquemos, los ciudadanos tenemos nuestra cuota de responsabilidad en todo este putiferio. Nos dejamos manipular, convencer y embaucar con suma facilidad por estos mafiosos. Cada vez que tenemos que depositar la papeleta en la urna, ahí estamos. Pensando que quizá sea distinto, que los partidos políticos tradicionales esta vez sí cumplirán con la ciudadanía, y una y otra vez se repite el ciclo volviéndonos a timar: ahora los unos, ahora los otros.
Eso sí, parece que la diarrea empieza a afectarle al Pepesoe. Con cada caso de corrupción y con cada cuenta en nuestra región más rica, Suiza, un torrente de votos entra en la casa del chico de la coleta. Frente al habitual “Jodemos” al que nos han sometido el Pepesoe, una nueva situación parece que toma forma, y bien que me alegra como una venganza que ellos mismos se ha ido cocinando a fuego lento. Me divierte ver a tertulianos y políticos tradicionales y la habitual fatuidad que les avala,con caras desencajadas ante la posibilidad de que los privilegiados pierdan la patente de corso que tanto tiempo llevan disfrutando en este país.
Tranquilícense mis queridos y admirados políticos tradicionales, no pierdan la calma, peor sería que se hubiera impuesto la guillotina en nuestro país (craso error no haberla disfrutado cuando se pudo); que algún ciudadano con grave hartazgo de putrefactos representantes les envíe a pasar por el acero de Gualterio Malatesta. Si llegara el momento de perder sus innumerables privilegios, sus abundantes maravedís, o sus capacidades para la abyección del ciudadano, se sacarían de la manga alguna ley, o si fuese menester se colocan los carros de combate en las plazas, se organizan unas batidas por las calles, y aquí paz y después gloria. Por supuesto todo en nombre de la Democracia, la Patria, y si hay que meter a Dios pues se mete. Faltaría más.
Por otro lado, siempre existe la esperanza, por ello creo en el futuro. Un futuro donde la Historia escriba con mayúsculas los nombres de nuestros políticos tradicionales, dónde queden marcados para las futuras generaciones como los mayores traidores de la Patria y responsables de una de las épocas más oscuras de nuestro país: la Edad del Esplendor del Estercolero.
Sit tibi terra levis.
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