En general, las personas reaccionamos ante cualquier acontecimiento importante con cierto nerviosismo, excitación, incluso histeria. Un cierto hormigueo recorre el abdomen ante un evento que consideramos relevante para nuestra biografía. Esta circunstancia la podemos observar en nuestro día a día, vemos a los aficionados al fútbol exaltados días antes de un partido importante, los niños revueltos ante la llegada de los reyes magos o los jóvenes impacientes como leones enjaulados ante una cita con posible final feliz.
En definitiva, determinadas circunstancias nos ponen cachondones. Los murguistas se ponen cachondones antes del comienzo del carnaval, los feriantes ante la cercanía del encendido del alumbrado… o los capillitas, que también se ponen cachondones en cuanto empieza la Cuaresma. Existe un grupo de individuos e individuas que ahora muestran esa condición en su más alto grado: los políticos tradicionales y sus adláteres. Huelen unas elecciones y se ponen las criaturas que se salen del pellejo. Por supuesto, dicha fase de excitación no viene marcada por un beneficio personal que puedan adquirir en forma de adehala. Más bien, esas palpitaciones son el reflejo de trabajar por el bien del prójimo, faltaría plus.
Es en campaña electoral cuando entramos en un periodo de pelillos a la mar. El pasado, pasado está, no le demos más vueltas. Entiendo que alguien con desafecto hacia la noble labor de estos abnegados ciudadanos, pueda acordarse ahora precisamente, de alguna situaciones digamos… incómodas:
Un país donde los corruptos campan a sus anchas, jueces transformados en delincuentes, delincuentes transformados en jueces, una amnistía fiscal para los que defraudan, el rescate de los bancos mientras a los ciudadanos se les quitan sus casas. Un país con el mayor número de fosas comunes -solo detrás de Camboya-; narcotraficantes liberados por cambiar leyes de carácter universal, dos millones ochocientos mil niños en este país en riesgo de pobreza. Un país donde una de sus comunidades, la andaluza, presenta la mayor tasa de paro de toda Europa, donde se le echa una tapia al túnel que uniría nuestra comunidad con Murcia tras gastar cuatro cientos treinta y cinco millones de euros sin que nadie asuma el más mínimo de responsabilidad, donde la carretera de Arahal sigue siendo lugar de vidas perdidas. Un país donde las mujeres pierden el derecho a decidir, donde, como dice Perez Reverte, “una vez más los rosarios se inmiscuyen en los ovarios”, donde los púlpitos son voceros de apologías, donde los políticos tradicionales acceden al poder con falsos programas… y así hasta el fin de los tiempos.
Pero, tenemos que mirar al futuro, a esa Europa dominada por el IV Reich, que eso si que tiene mérito. Esta vez han conquistado el viejo continente sin pegar un tiro. Por supuesto, en esta ocasión, han aprendido la lección, nada de ir de la mano con el Imperio Astrohúngaro como en la Primera Guerra Mundial o los italianos en la Segunda, mejor solitos que mal acompañados. Una Europa unida y fuerte de verdad. Comprendan que llegado a este punto se me caiga alguna lágrima. Y qué me dicen de la noble misión que le ha sido encomendada a nuestro país, nada más y nada menos que proporcionar la mano de obra necesaria a los teutones, barata eso sí, algo parecido a Bangladesh. Aunque, pensándolo mejor, permítanme que también me ponga cachondón imaginando que ese día de mayo las urnas quedaran totalmente vacías.
Sit tibi terra levis.
Parece que hablas de siria en vez de españa
ResponderEliminarEstimado Anónimo:
ResponderEliminarNo conozco Siria, pero de España algo sé y sobre todo como las gastamos.
Gracias por participar y saludos.