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26 de noviembre de 2012

APOCALIPSIS



Terriblemente disgustado. Con una enorme sensación de vacío en el corazón. Igual que un niño al descubrir que los Reyes Magos fue un engaño, un patraña creada para sentirnos ilusionados. Decepcionado de la vida, con la percepción que durante muchos años hemos estado en un limbo rodeado de irrealidad. Así es como me he sentido durante la semana.

Todo este cúmulo de malas sensaciones no viene influenciado por la prima de riesgo, por las tasas judiciales, por el descomunal aumento de impuestos en nuestro pueblo o por la caprichosa alineación de Júpiter con Urano que hace que todo lo que uno piense  provoque una abusiva diarrea mental. El tema viene a cuento porque estamos en las puertas de la Navidad y resulta que se ha producido un anuncio fatal para  que en el portal de Belén no se ponga la mula y el buey -ahora empiezo a creer la leyenda que indica que el fin del mundo está cerca-. 

El anuncio realizado por nuestro loado, admirado e iluminado Pastor alemán me ha hecho temblar las piernas. Ilustra en un libro suyo que en el portal no había animal alguno; ni mula ni buey. Es decir, durante décadas hemos estado armando el Belén erróneamente. La duda surge cuando nos planteamos si esta situación es conocida desde tiempos anteriores o ha sido revelado en tiempos actuales al representante de la divinidad en nuestro planeta. En cualquier caso, como humilde cordero de este rebaño de pecadores, creo que tal situación debería haberse silenciado momentáneamente, al menos en nuestro país. Como digo, el rebaño está sufriendo la ira del mismísimo demonio. Parece evidente que el triple seis se ha ensañado con nuestra patria, nos ha colocado a sus enviados en forma de políticos tradicionales, banqueros e incluso algunos infiltrados en el clero.  Los resultados son más que evidentes.

La dramática anunciación puede ser percibida por la plebe como un nuevo castigo divino, consecuencia de los tiempo de lujuria y desenfreno que vivimos. Pero existe una variable aún peor. El rebaño piense que estamos ante el abandono total de nuestras divinidades y el triunfo final del innombrable. Que nos quiten la educación y la sanidad tiene un pase, la vida está llena de sufrimiento. Pero renegar de dos elementos estelares de nuestra Navidad, es simplemente insoportable. ¿Podemos los simples pecadores soportar este nuevo recorte a nuestras vidas? ¿Será lo próximo el fútbol? ¿Nos privarán del Sálvame de Luxe?

La esperanza siempre debe existir. Supongo que algún sufrido lector piense que el Altísimo recule en sus decisión, le envíe al Pastor alemán que maneja este rebaño un mensaje para el retorno de la mula y el buey a su lugar de privilegio. No obstante, de la misma forma, espero que respeten mi pesimismo. La decepción se está instalando en este cordero descarriado, cada vez veo el futuro más incierto. No puedo eludir mi más firme convicción que el final está acercándose. Si me apuran, en cierto modo deseo el apocalipsis final. Incluso me gustaría echar el telón de la forma que vaticinan mis hijos; el ataque alienígena total o el temido holocausto zombie. Sería un final sublime, épico,  para este estercolero y la bazofia que lo habita.

Sit tibi terra levis.

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