En general parece claro que a nuestros admirados dirigentes no les va mucho eso de leer. Lo que también parece una evidencia es que tampoco les gusta mucho el cine. Nuestro actual icono de la marca España, Ana Mato, es un claro ejemplo de lo señalado con anterioridad. Comprendo que la Ministra de Sanidad no tenga obligación de saber de temas sanitarios, ni que la muchacha sepa que existen libros de epidemiología y virología donde los eruditos explican, bajo el paraguas de la ciencia y no de la Fe, lo que debe y no debe hacerse con determinadas enfermedades. Pero con un poco de aprecio al séptimo arte, doña Ana hubiera visto cómo en las películas americanas evitan que los infectados por algún virus se acerquen a la ciudad y si hay que tirar de marines, pues se tira de marines.
Pero no, aquí somos más chulos que nadie. Me traigo desde el foco de la epidemia a dos compatriotas enfermos y los meto en el centro de Madrid, con dos huevos. Nos quitarán las olimpiadas, pero a ver quiénes son los guapos en adelantarnos en ser la primera ciudad europea con su propio ébola. Para eso los españoles tenemos en nuestra historia habernos dado matarile con medio mundo y ahora unos seres microscópicos no nos van a amedrentar.
No fueron pocos los que clamaron al cielo por la medida adoptada, y lo que en un principio se disfrazó de forma muy cutre como un acto solidaridad, de repente se tornó en un guión de una novela de Stephen King. Maldito el día que me senté a escuchar la rueda de prensa de la Ministra. Al acabar me dije: si tengo que escoger entre una granada de mano sin su anilla metida en la boca del estómago y hacerle caso a la Ministra, tengo más posibilidades de supervivencia con la primera opción. Touché. A las pocas horas fueron evidentes las carencias de nuestros dirigentes para manejar el asunto y sobre todo la falta de previsión ante semejante problema. Una vez más, aparecía nuestra gran seña de identidad: la chapuza.
Mención aparte merece el Consejero de Sanidad de Madrid. No se puede ser más miserable. El malnacido y cobarde individuo dedicó su ataque a la parte más débil, a alguien enfermo y sin posibilidad de defensa. Lejos de cualquier arrepentimiento, el cenutrio continuó realizando declaraciones que incitaban a mentarle a la madre. Si hubiera tenido el mínimo de decencia, habría ido al hospital a que en veinte minutos le explicaran cómo se pone y se quita el traje de protección, y habría entrado en la habitación aislada a decirle a la cara a Teresa todo aquello que pensaba de ella. Pero no, el bocazas se dedicó a recorrer los medios de comunicación preparando la gran coartada para que alguna que otra docena de mierdecillas mantengan las posaderas en el sillón.
Sit tibi terra levis.
Pues sí, Marcos. Da miedo tener a esta gente en los gobiernos. Ministros y consejeros que no elegimos, sino que son nombrados a dedo por los que sí elegimos. Y el chulo del Consejero dice que le da igual dimitir porque tiene ya la vida arreglada. ¿La tendría desde antes de entrar en el gobierno o se la habrá arreglado en el gobierno? ¡Oh, Paca! Qué gran tarjeta
ResponderEliminarGracias Manuel por tu comentario. Tener Ministros y Consejeros que siembran el miedo, la duda y el insulto es lamentable. La tranquilidad me la da el Consejero de Madrid al decir que tiene la vida resuelta, imagina que tuviera que ganársela como médico.¿Qué clase de médico es aquel que carece de humanidad y es capaz de insultar al enfermo?
EliminarLo dicho, un orgullo recibir comentarios de un escritor de verdad.
Saludos