Lo admito, es cierto, tengo tendencia a darle estopa a la casta política tradicional. Pero en mi defensa, tendrán que reconocerme lo merecido de mi actitud para con esta chusma en la mayoría de las ocasiones. En la columna de esta semana, haré un esfuerzo -yo diría que sobrehumano- para buscarle aspectos positivos a tan deplorable gremio.
Lo primero que debo destacar es el esfuerzo encomiable, casi titánico, para hacer olvidar las división tradicional de los españoles. Esa diferencia entre patriotas que tantos disgustos y sangre le ha dado a este país. Desde la legislatura pasada y en la actual, el Pepesoe ha conseguido que los ciudadanos dejen de ser de izquierdas o de derechas. Ahora, en esta nueva España, las gentes son de arriba o de abajo. Por un lado tenemos, aristócratas, monarcas, cazadores de elefantes, políticos tradicionales, futbolistas, banqueros, la multinacional de la fe y ahora se ha unido un grupo que se encontraba en el limbo, los amnistiados fiscales -cierto es, que este último grupo suele pertenecer a alguno de los anteriores-. Por otro lado, tenemos los currantes, parados y parias en general.
El nuevo reparto, puede parecer injusto. Para nada, los de abajo tenemos la obligación moral y ética de mantener el hipermegasuperchachibienestar de los de arriba. Además, han tenido a bien, en un enorme gesto de caridad y bondad, dejar con los de abajo a escritores, gentes de cultura, científicos, neurocirujanos, ingenieros y universitarios en general. La pena estriba en el poco sentir patriótico, ya que algunos se van a otros países a ofrecer su sabiduría y trabajo –ya se arrepentirán esos traidores-.
En segundo lugar, tengo que felicitar a nuestra loada, diligente y sufrida casta política tradicional por buscar una solución a los parias que se van a quedar en la calle. Aquí, de nuevo el Pepesoe, reunido consigo mismo, parece que van a tomar cartas en el asunto y frenar el sangrante tema de los desahucios salvajes que ejercen los bancos a sus rescatadores. Comprendo que algún hipercrítico tenga la tentación de decir que, eso mismo que ahora se plantean, ya lo sugirieron hace un año los del 15-M y entonces fueron tachados de radicales e ir contra la ley. Pero no, ahora es distinto, porque se hace con la perspectiva del tiempo. Siempre se ha dicho, no se puede gobernar en caliente.
En tercer lugar, en esta semana hemos conocido la viruta gastada por sus señorías en teléfono móvil y para colmo, algunos moradores del hemiciclo, han perdido el Ipad que se les regaló. Entiendo que es fácil soltar improperios e incluso alguna dedicatoria escatológica en difunto ajeno. Lo fácil es pensar que esas facturas telefónicas, con gran cantidad de llamadas a números novecientos y descargas de jueguecitos, es de ser sinvergüenzas hasta términos insospechados. No, mil veces no. Nuestros políticos tradicionales tienen que eliminar tensiones, que mejor que un comecocos para soltar adrenalina. En cuanto a la pérdida de los Ipad. La culpa no es de ellos. La culpa es de no haberles explicado que la tableta tiene un dispositivo que indica donde se encuentra en caso de extravío o robo.
En definitiva, los de abajo podemos sentirnos orgullosos de los de arriba, ellos nunca cambian.
Sit tibi terra levis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario